Ojalá fuera pensamiento único. Eso querría decir que sólo se ha dado una vez en la historia. Pero se da cada vez que un enano mental cree tener un encuentro con el glorioso destino por el que fue creado. Me da igual si es para salvar a las ballenas o el Amazonas.

Por eso, a todos los que están en el poder para libar sus recursos, cuando no devorarlos, he de recordarles que el modo de gobernar por el pueblo pero sin el pueblo, es muy antiguo; creyendo ser los inventores de la rueda, hacen del congreso un prostíbulo donde, quien les posibilita mantenerse en el poder aunque sea en minoría, se lleva el gato al agua. La madame es la presidencia, tanto del gobierno como del hemiciclo. Lobotomizados, la conciencia no existe y se complacen en el cortoplacismo y la falta de memoria.

Los adalides de la libertad se convierten en nuevas juventudes hitlerianas, pero en jipi; toda disidencia es amputada en nombre de la bondad que traerá su tiranía. ¡Qué cerca están de los que practican golpes de estado para salvar a la patria!

Y creo que, como todos los mesías, sentís que estáis en lo cierto, que vuestro pensamiento es único, oh pensamiento único… Pero es, verdaderamente, el pensamiento más vulgar: el que pretende imponer su criterio ninguneando la diversidad para vivir en su paraíso monocolor, monotemático, mononeurona de encefalograma plano.

Y quede claro que hoy hablo de quienes nos gobiernan; pero los que lo hicieron hace una legislatura, no lo hicieron mejor. Cuando no se tiene el poder, se ven mejor los errores que cuando la moqueta está bajo los pies. Que nadie se engañe: es un juego cíclico.