Hay una canción que dice “somos los mismos envueltos en novedad” En los tiempos que vivimos tiene gran vigencia, pues se percibe la novedad como algo que nos reactiva, cambia, ilusiona.
Pero yo me pregunto por qué esa avidez compulsiva por reinventar la rueda, por formular lo evidente.
Sin restar valor a los que nos están ayudando a comprender, reevaluar, la realidad, me da la sensación de que se parece mucho a un término utilizado en los presupuestos: Justificación de gastos.
Traemos a nuestro entorno gente que canta la misma canción con una voz distinta, un ritmo diferente. Así dopamos nuestro tedio, redefinimos nuestra vocación… Pero una cosa es eso y otra bien distinta es comprobar que de nuestro amor primero sólo queda el anillo que atestigua el sacramento.
Quiero para mí el amor abrasador que incendie la tierra, y yo dentro: El que renueva la faz de la tierra. Y todo lo espere de quien hace tanto por mí; reconsidere, cada día, que he de volver a empezar. Que hasta ahora, poco he hecho.