“Crepitaban las llamas en el fuego sobre la arena. Los breves troncos mostraban su magmático vientre. El sol se hundía poniente… Sus ojos se cruzaron y no hubieron palabras. Sólo la promesa que bajo la luz se hicieron de amor, de amar; de una fidelidad infinita que nos recordaba cada ola, cabalgando la marea, al llegar a la orilla”
Esta es la historia de un amor perpetuo, inocente, lleno de intenciones y de promesas que no tienen nada de falsedad. Es la historia del tiempo previo a las elecciones. Ese en el que, de una forma adolescente, volvemos a ilusionarnos; de olvidar que no es la fidelidad la cualidad más evidente de quien se dedica a la política. Pues no es un sacramento: Es sólo un espacio de tiempo en el que intentamos plasmar nuestra idea de gobierno y que terminamos siendo gobernados por la ausencia de ideas, de valores.
En sus apellidos, política es su nombre, está escrito su sino: “A la venta”
Poco más que decir. Ahora sólo nos queda especular cuánto tiempo tardará el líder de turno en ponerle los cuernos al ideario del partido, de paso a todos los votantes, en nombre de la bondad que traerá esta dolorosa situación. Es el preciso instante en el que la inocencia de los besos, se vuelven violencia doméstica, pues no importa violar, violentar, retorcer las ideas para conseguir los mismos beneficios que se intentaron combatir desde la trinchera.
Se ven las cosas mucho mejor desde el palco, ¿verdad?
Lo siento. Siento mucho que hayáis llegado así. Las chaquetas de pana hace mucho que saben como transmutarse en trajes de marca. Los descamisados, hace tanto que no tienen frío…