Estar confinados tiene muchas ventajas. Gastas poco los zapatos, no así las pantuflas, hablas con los cuadros, el cajón de los cubiertos… Pues eso.

Y dándole vueltas al asunto del Viernes Santo, subo a la palestra y propongo un tópico: Se repite hasta el aburrimiento que Jesús muere en la cruz por nuestros pecados. Y fíjate tú que no estoy muy convencido del asunto. Y no es que no muriera, sí; y no es que no tuviéramos pecados para morir por ellos, sólo por aplastamiento…

Y es que, desde hace bastante tiempo, pienso que Jesús murió por su coherencia vital. Creo que eso de los pecados fue un efecto colateral, del cual nos beneficiamos y por lo que doy muchas gracias a Dios; pero a Cristo no lo clavaron en una cruz como si fuera un detergente eficacísimo, para dejar nuestras almas como lana de lavandero… A Jesús lo asesinaron por ser incómodo.

Incómodo dice. Pues sí: Incómodo. Fue un señor cuya coherencia, insoportable hasta la angustia, tanto como la que sintió en el monte de los olivos, era denuncia para los sacerdotes de carrera, afines a sus tradiciones, sus tradiciones, que veían que el garito se podía joder si alguien como un mindundi galileo seguía viviendo, en fondo y forma, como creía. Tocanarices para los que hacían negocio alrededor del templo, con cosas tan necesarias como animales para el sacrificio, trajes conforme a los tiempos litúrgicos, capirotes y similares: Pasos, cerería, imaginería… Te imaginas que nada de eso fuera necesario para vivir una vida coherente con el Evangelio; no sería flipante que nada de lo que se vende como identitario sólo fuera una distracción, una trilería…

A Jesús nos lo cargamos todos porque fue un hombre en espíritu y en verdad. Vive, porque lo matamos y el resucitó muy a pesar de los fijos del negocio, porque creyó que no hay hombre más fraterno que quien está a nuestro lado, más honrado que quien quiere vivir conforme a la verdad: Mas justo que quien pone su esperanza en que, entre todos, haremos el Reino de Dios más evidente.

Jesús no murió por nuestros pecados: Jesús llegó al calvario porque no tenía más remedio. No haber llegado, habría sido un fracaso.