
Hoy me he despertado temprano. Es una gaita porque dormir es un placer. Y muy barato. Pero bueno.
Tener tiempo extra te da para pensar en cosas que habitualmente pasan desapercibidas, por excéntricas o ridículas; una de ellas es el uso de los comparativos. El mejor de los mejores es el óptimo y el peor de los peores es pésimo. Entonces: ¿Debería decir que el mejor de los peores es el pésimo? Cuantitativamente, tendría razón; pero contendría una aberración en su formulación porque, mejor y peor, se anulan.
Siguiendo con ese discurso, se debería decir que el mejor de los peores es el peor de los peores. Pero, si lo dices así, parece que no es demasiado malo…
Sí o qué. La cosa de tener tiempo es lo que tiene. Y, de pronto, me doy cuenta lo fácil que es perderse en la disquisición, la elucubración, el vericueto… El sexo de los ángeles mientras el sitio de Constantinopla.
Y mientras muchos tienen encefalograma plano, otros parece que le dan a la materia gris para que así sigan.
Utilizan palabras grandilocuentes y vacuas. Frases incomprensibles amparadas en el latinajo y la pseudociencia. Trajeados, con una seriedad adusta, se refugian en la coyuntura para dar imagen de conocimiento, cuando es ignorancia.
Y los peores peores, son los que engañan en su huida hacia delante. Superados por las circunstancias, mueven los hilos como si de trileros se trataran; intentando confundir para ganar tiempo: Tiempo para que el tiempo les dé una respuesta que fabulan en público y desconocen…
El peor de los peores: El pésimo es quien cree que quienes le rodean son tan estúpidos como él. Por terminar en positivo creo que, el mejor de los mejores es quien cree que, quienes le rodean, le hacen mejor: Que no se les puede ningunear y que son parte de la solución a cualquier problema.