
Los hay que decidieron serlo. También están los que creyeron que no tuvieron alternativa y se profesionalizaron. Así, amateurs y profesionales, fueron haciéndolo: muy lentamente; como una mancha de aceite en el mar, se fueron extendiendo y cubriendo la superficie.
Si. Hablo de los mendigos. Persona que habitualmente pide limosna
(que es cosa, especialmente dinero, que se da a otro por caridad. La caridad, como todo el mundo sabe gracias a la web de la RAE, es la actitud solidaria con el sufrimiento ajeno). También llamados Pordioseros, pues es por Dios por quien demandan una dádiva, es otro de sus nombres.
Que si. Que hay muchos que opositan diariamente a vivir de la caridad ajena, sin tomar las riendas de su propia existencia como si no tuvieran alternativa. Mendigan a través de mensajes que no son propios, reenviándolos y llenando de morralla los grupos de mensajería instantánea; mostrando sus vergüenzas, sus dolores y problemas como si fueran los únicos y más importantes. Ofendiditos por el vacío al que se les somete por la insoportabilidad de sus actos. Si: he puesto insoportabilidad porque no hay Dios que los aguante. No. Vuestro ombligo no es lo más importante que ocurre sobre la faz de la tierra. Noooooooo. Jartito, coño…
Basta ya de vertidos tóxicos que ensucian las relaciones decantándolas a un lado u otro cuando aspiran al equilibrio del movimiento. Estáticas, transmutadas en piedra, apestan; harto de vuestras penas, que buscan la solidaridad de “mira qué mal” y “el mío, más”. Llamando bello a lo feo, interesante a lo repetitivo, nuevo a lo pútrido desde hace eones…
Estimados mendigos, profesionales de ayes y lamentos: Con vosotros, lo siento mucho. Pudiendo ser dueños de vuestro destino, habéis hecho de vuestra vida un reality show de TDT; siendo los capitanes de vuestro alma, os degradáis y vendéis vuestro alma por treinta monedas, traicionando todo vuestro ser.