Siempre con el ánimo de escudriñar en lo evidente; con ganas de no dar nada por supuesto y suponer que todo se puede reconsiderar, reformular, hoy he vuelto a escuchar una frase muy repetida: un topicazo que, por frecuente, parece verdad. Tras una situación estresante en una película de acción, la machota y el machote beben de una vieja petaca:  así, sin hielo, que estas situaciones se digieren mejor tras meterte una espirituosa bebida.

Pero la bebida no sirve ni para digerir ni para pasar un proceloso empeño, un mal trago dirían ellos; ni para contemplar el hecho de una manera objetiva dado el alto contenido de alcohol en sangre. Y, como pasa casi siempre, me doy cuenta de que se repite la historia. Un cigarrito tras un buen rato no mejora el resultado. Una copa o un ciento no te amputa la tristeza ni pretéritos dolores; tampoco te hace más interesante. Probablemente te haga más repulsivo por la altísima posibilidad de potamiento masivo y demás efectos secundarios de la incontrolada ingesta de alcohol.

Y no se es más feliz por tener un perro lanudo saliendo de una bañera pingando a todo ser a cuatro metros cuadrados… Ni por tener un cochazo impresionante, mucho mejor que el de tu vecino; o peor. Dientes blanquísimos, tres o cuatro docenas de pares de gafas… La carrera por vivir en comparación con nuestros semejantes hace de la vida un continuo devenir de dinero para gastarlo, para ganarlo de nuevo, para gastarlo otra vez. Y yo igual de infeliz.

¿Deben las fiestas estar aderezadas con todo lo que hemos visto siempre? Hacer lo que hemos hecho siempre, ¿nos hizo alguna vez más felices? Creo que todo lo que ingerimos a través de la boca, los ojos, las orejas y los sentidos más sintientes está dirigido a que nuestra percepción se nuble y nuestra costumbre lo integre, como integrado está el sonido del despertador o la luz de la farola tras el crepúsculo.

Lejos de mi atacar al sector servicios ni a las empresas de restauración. Sólo creo que, si reformulamos la realidad y aplicamos variables que no nos alejen de lo que realmente percibimos, quizá nos encontremos con una nueva forma, un camino no transitado, una desconocida Ítaca.