
República. O Res Pública, la cosa pública; cada cierto tiempo nos asaltan noticias sobre las intenciones de tal y cual interfecto de dar de baja la monarquía y dar de alta la república. Democratizar la jefatura del estado dicen. Tanto interés huele a cuerno quemado.
Y digo yo que, como sólo tenemos que preocuparnos, los que sostenemos a nuestros próceres, del coronavirus, el paro, la desigualdad y las patadas al sistema educativo, lo más importante es derrocar la caspa monarquía…
No soy republicano. Soy un monárquico sociológico, supongo; y, desde la costumbre, tan denostada, opino. Y opino que me sorprende que entre los objetivos de un partido esté, como prioridad, eliminar la representatividad de unos sujetos, por obsoletos, y sustituirlos por otros cada cuatro años. Los sustituidores y los sustituidos gozarían de todos los parabienes que conlleva la pesada jefatura del estado, con sus dineros y prebendas, cuerpo de seguridad y oficina con secretaria y chófer oficial…
Como si no tuviéramos suficiente con todos los funcionarios elegidos a dedo que viven de cojones a costa del erario público, ahora quieren ir sumando más gente a la que pagar los servicios en nombre de la patria; Mmmmmnosé. Creo que hay alguien muy interesado en hacer, o más bien pasar a la, historia siendo el primer presidente de España. Así, fundaría una noble dinastía de republicanos cuyas raíces, noble estirpe, se hunden en las antiguas repúblicas del siglo XX.
Hay mucho republicano, digo yo, que le molaría colocarse esa corona.
Y, como dice el saber popular en el caso que proceda, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Estoy loco por conocer el proyecto de los impulsores de la modificación de la constitución y dónde dejan a los condes, duques y marqueses de los reinos históricos que comparten sus pasos con nosotros, los plebeyos hijos de la España rasa.
Esto no es política: Es una revista de cotilleos.