Como muy bien dice el dicho vietnamita “Những người có dạ dày phân hủy không sợ bóng tối.” (*) Es bien sabido que mis lectores son grandes conocedores de la riquísima cultura del país asiático…

He querido comenzar el presente escrito con esta reflexión pues es curioso cómo un comportamiento, un pensamiento, una forma de percibir la realidad es capaz de modificarla hasta hacer de ella un esperpento.

Hablaba el otro día con un amigo que me dijo: “No he podido celebrar la eucaristía”. Y me resultó curioso pues estaba en un lugar en el que había tres grupos distintos de un mismo movimiento celebrando la eucaristía. El argumento para negar la entrada a la fiesta del cristiano, el sacramento de nuestra fe, es que eran eventos privados.

Lo primero que me hace sonreír es que tres grupos distintos, un domingo por la mañana, no se junten para celebrar la muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo. Estas divisiones territoriales no dejan de ser sorprendentes y siguen dando la razón a Julio César: “Divide y vencerás”. Lo segundo es que la cuestión identitaria de cada grupo estaba por encima de aquello que unía a las tres, que es celebramos recordando a aquel que nos hace felices: y familia.

No hay mucho más que añadir al asunto. En tanto tengamos una buena lumbre para calentarnos, no nos preocupará el frío de otros. Mientras el volcán salga en otra isla que no sea la mía, no seré parte de la solución. Y celebraremos nuestra eucaristía, acción de gracias, emocionados por no ser quienes necesitan acogida pues nuestra mesa está llena y, la puerta, cerrada.

(*)https://translate.google.com/?sl=es&tl=vi&text=Quien%20tiene%20descomposici%C3%B3n%20de%20vientre%20no%20teme%20la%20oscuridad&op=translate&hl=es