Hay que ver lo que son los valores. Son esas cositas que, como piedra en el zapato, te recuerdan que, la incomodidad que sientes es porque hay algo que no está bien en aquello que entiendes como correcto: para ti y para todos.

Porque los valores, cuando de verdad lo son, son aplicables a todo el mundo con independencia de tu colesterol o del lugar del parto que te trajo al mundo…

Me encontré con un caso la mar de interesante: un matrimonio se ha separado. Han sido, como pareja, ejemplo para muchos de coherencia. Sin embargo, su vida en común, por la razón que fuera, ya no les hacía felices. Pues bien: ahora resulta que una de ellas está haciendo todo lo posible para meter palos en las ruedas de todo lo que suponga un nuevo comienzo.

Y es curioso: el respeto, la resiliencia, la empatía y todas esas cosas tan asociadas al Evangelio, se mandan a tomar por culo porque no se ha cumplido el destino que Dios unió…

No me meto en las circunstancias. El matrimonio ha de ser un vínculo que, en la cuenta de resultados, tenga como rendimiento un saldo feliz; y no para vivir jodidos hasta que la muerte los separe.

Pero hay quienes creen que la mujer de uno es de uno. O el marido. Y que no se puede reconstruir una vida fuera de la que existió. Algo así como, si no se cumple el guion conmigo, no se cumple con nadie…

Por ello, debo recordarme que quiero amar y respetar a la manera matrimonial, incluso fuera del matrimonio. (lo que viene siendo a todo el prójimo, vaya)

Si los valores no se cumplen universalmente, no son coherentes (*), son fardos pesados cargados a las espaldas.

Ojalá tengas un día tan feliz como el que quiero para mí.

* RAE: Actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.