El error de los fascistas, de los salvadores de la patria, genocidas genéricos, dictadores de manual, es creer que son los primeros, los inventores de la rueda de las relaciones internacionales, nacionales; cutres con avaricia, se arrogan, con esa estupidez chulesca de quienes se ven apoyados por los poderes económicos del país, el glorioso destino de acaudillar a su pueblo hacia un luminoso porvenir. Curioso. Esa historia me suena.

Y es que Vladimiro tiene todos los números para acojonarnos. Pero es un hombrecillo tan diminuto como su autoestima. Necesita grandes fastos, paradas militares: loor y gloria, Vladimirovich… No te llevarás nada a la tumba. Ahora dice que quiere desnazificar Ucrania usando los mismos métodos que usó Adolfo en la Segunda Guerra Mundial.

Como dije al principio, se creen originales los iluminados que, barruntando su caída, en una huida hacia delante, arrastran a sus países a una miseria segura, a una muerte probable, a un oprobio conocido. Como ocurre siempre, los instigadores de la guerra no morirán de frío, ni cruzando los ríos, soportando las balas en los corredores de evacuación, no… Calentitos, en sus búnkeres de estupidez y hormigón, relamen sus colmillos ensangrentados de sangre doméstica y foránea, aplaudiendo cada explosión, cada llanto…

Es ahí que me parece importante reformular la cuestión. No se está desnazificando ningún territorio. Los que buscan los malos es uno más malo que ellos para que sus maldades parezcan veniales; pero una sola muerte en esta guerra, sin calificativos, es un crimen de lesa humanidad. Vladimir está putinizando Ucrania. Que es lo mismo que nazificar, pero con otras letras.  

Asistimos atónitos a la Fascificación de los países, a la lobotomización y la desmemoria de los gobiernos; y, de nuevo, a la barbarie de la guerra.

“Entre los vencidos el pueblo llano pasaba hambre. Entre los vencedores, el pueblo llano, la pasó también”. Bertold Brecht.