
Cuando crees que algo no puede decepcionarte más, llega la realidad y te dice que puede superar con mucho todo lo anterior. Gobernar, dice la RAE, es dirigir un país. Haciendo un alarde de confianza, pensaré que un país está compuesto de una multicultural diversidad de realidades; partiendo de esa ilusión, supongo que quienes ejercen el gobierno son conscientes de esa realidad: que no pueden hacerlo beneficiando sólo a unos pocos. Pues no.
En esta huelga del transporte, tan incómoda para todos, hay actores que están siendo ninguneados porque no sirven para afianzar la imagen de gran estadista que tiene nuestro actual gobierno. Le hace arrugas, retrata el perfil malo. Como es algo que le viene fatal, negocia con una ínfima parte de los afectados para lograr un pacto que convenga a medias a todos. El refranero es sabio: “Las medias, ni para las piernas”. Y todo dentro de una campaña de desprestigio hacia los que trabajan para perder dinero.
Por ello, y en el más clásico movimiento de ajedrez aplicado a la política, se apela al lobo: “Son la ultraderecha, son minoritarios”, como si afiliarlos a un sentido político o ignorarlos pudiera hacerlos desaparecer… Y viene de antiguo: Ya un prócer del partido gobernante usó ese recurso. Lo recordaré: “Que viene la derechona”. Y es que, en vez de afrontar los problemas contemplando toda la realidad, la sectarizan y apelan a miedos antiguos, a zombis mil veces enterrados y mil veces profanados para conseguir… Nada.
Para que veáis que es una técnica utilizada no sólo por nuestros “simpáticos inoperantes”, recordaré que Vladimirovich lo utiliza en su particular carnicería apelando a la guerra patriótica, la segunda guerra mundial, en la que lucharon contra el malo malísimo: el Nazionalsocialismo; el mismo que ahora mata en los bloques de pisos, en las guarderías y teatros de Ucrania. Hasta para eso, hay piratería en la política.