Es bien sabido por todos que los Nazis están por todas partes. Los encuentras en las conversaciones, en las series de las plataformas de pago, en las pintadas cutres… En tós sitios. Pero hay una altísima concentración de ellos en Ucrania. Por eso sigue habiendo una “Operación Militar Especial”. Es todo un detalle que tiene Vladimiro el magnánimo para librarnos de tan perversa abominación.

Tanto interés está poniendo, que está empleando toda su capacidad para detectarlos con el mínimo impacto posible; es por ello que ataca los hospitales, porque ahí están naciendo Nazis de la peor raza. En sus quirúrgicos empeños, lanza misiles contra zonas residenciales de Nazis: se reconocen perfectamente por su aspecto sorprendentemente humano… Pero él no se deja engañar: en las crías de menos de diez años de los Nazis ya está la semilla de la maldad: y de su profundo deseo, destructor donde los haya, de la madre Rusia.

Las madres Nazis, como los padres, van con el brazo en alto, haciendo el saludo propio, tú sabes… Por eso son tan fáciles de detectar entre los muros de sus casas. El saludo es muy práctico cuando limpias el polvo de las estanterías y los cristales que están en alto. Es el gesto que más delata a esas bestias, Nazis…

Y es muy de agradecer que esta parodia de la inteligencia, este absurdo vestido de caqui, esta guerra no declarada, sea una parábola de la posverdad que nos acucia. No somos mejores quienes culpamos de los males que padecen nuestros países a ciertos colectivos, a partidos que encarnan la maldad que nuestra gestión puede estar generando.

Hablo de todo esto porque, que otro siempre sea culpable de aquello que es mi responsabilidad, es infantil. Que tengamos que padecer tanta estupidez me sonroja pues, mientras los gobernantes viven de puta madre, irresponsables, polarizados, ininteligibles, ininteligentes (sin uso conocido de la inteligencia), el resto de la población quiere vivir en paz.

La operación militar especial, aquí, se podría llamar “Proyecto de fragmentación por causa del género, el número o el tiempo verbal”. Da igual como lo llames. Las doce en punto, seguirá siendo mediodía.