Menkanta el libre mercado. Su concepción original por la que todos tenemos acceso a todo, pues podemos; un país libre, ley de oferta y demanda, equilibrio mercantil…

Y es que es maravilloso. Como ejemplo, pondré el precio de los tomates. Si compras un kilo, te cuesta dos €uros: pero, si compras veinte, te cuesta un 30% más barato. No te quita el dolor de espalda, pero es más barato. El lado tenebroso del asunto es que no hay frigorífico para refrigerar las ofertas a las que puedes acceder: 10 Kilogramos de manzanas, 14 kilos de puerros, 6 kilos de cebolla… Y así.

Pero lo mejor es que es a todos los niveles. Si compras un coche de lujo te cuesta cien mil €uros. Pero, si compras varios, te salen un 10% más baratos los siguientes. Y, ¿quién puede resistir la tentación de tener algunos, no sé, para verano y entretiempo?

Un kilo de caviar: 10000€. Pero, si compras diez kilos, te ahorras un 3%. Imposible no caer en la tentación.

Como insoportable sería no caer en la magnética oferta de visitar Lourdes, Fátima, Medjugorje y Guadalupe, la de Cáceres, por 3500€. Por 1000€ más, vas a Guadalupe, la de México, y puedes optar a una peregrinación a Tierra Santa con un 30% de descuento.  Es maravilloso ver las creyentes hordas, con sus rosarios en ristre y sus mochilas; en éstas últimas, puedes ver las pegatinas de todas las peregrinaciones, sus años y sus batallas…

“Yo he estado tres veces… Yo es la quinta… Es el ambiente…”

No hay prudencia en lo que digo. Ni la pretende. Como decía una señora: “Ese balneario es buenísimo. Yo voy todos los años”.

Y, como no hay milagros, la conclusión es sencilla: No será tan bueno cuando tienes que volver.