
“Si elimino la variable, la ecuación me cuadra”.
Poner ejemplos suele ser iluminador. O no. Para aturrullar el ambiente o para aclararlo inequívocamente. Por eso, si los problemas del mundo se achacaran a la presencia de los colmillos de los elefantes, o matamos a todos los elefantes o formamos cantidades ingentes de estomatólogos especializados en paquidermos para la extirpación de tan prominentes incisivos. La cuestión subsiguiente sería preguntarse de qué modo influiría tales medidas en la población elefantil. Es posible que no estuvieran de acuerdo con el planteamiento, “nosotros no somos el problema sino parte de la solución”; o desviarían la atención: “Son los colmillos de morsa los culpables del mal del mundo…”
Pues ya que he puesto unos ejemplos de mierda, pondré unas realidades que no lo son.
- Inmigración irregular. Se pone el acento en las mafias y no en la situación social de los países de origen, sistemáticamente esquilmados por codiciosos extranjeros muy interesados en mantener la inestabilidad política para provecho propio.
- Limpiezas étnicas: Pueblos apestados por no ser el mío tratados como archivos temporales: sin memoria ni tierra donde vivir. Con costumbres identitarias, pero sin futuro para desarrollarlas y recordarlas…
- Desnazificar Ucrania, Despalestinizar Oriente Medio. Utilizar la lejía de la guerra como excusa perfecta para borrar del mapa aquellos que interfieren a nuestro feliz proyecto: pureza, un solo pueblo, un idioma. En fin: lo que viene siendo un totalitarismo fácilmente reconocible en tantas, tantas, tantas guerras que no demostraron que el axioma fuera cierto.
Creo que la verdadera unidad es aquella que no excluye. Yo puedo diferir contigo: pero eso no me da derecho a entrar como una vaca en una cristalería cuestionando todo lo que no quiero que cuestiones tú de mí.
“Tanta gloria tengan nuestros actos como paz dejen”.