
Luego van y dicen que no somos creativos. Pues no que llevamos toda la historia matándonos de formas cada vez más evolucionadas y eficaces. Tiene el pequeño problemita de la sangre que, como mancha, es difícil de quitar… pero bueno. ¡Ah! También está el gasto, such a waste, de los enterramientos: ya sean individualizados, con función religiosa y cura muy revestido, o en fosa común: la más común y divertida forma de enterrar a los muertos pues, cuando cae la noche y, como dice la canción, salen a pasear… Es mucho más barato porque te ahorras cantidad de losas con los nombres y todo eso tan aburrido…
Ahora… ahora digo: ¡qué estupidez! Como siempre, llega un gilipollas con cientos de gilipollas que jalean su escasez mental y nos amenaza con que nos va a matar si se ve amenazado. Nos dejará el planeta hecho una era radiactiva donde vivirá feliz y sin enemigos surcando el cielo lleno de isótopos y departiendo con bellas valkirias sin piel: abrasadas por el calor insoportable.
Pero no hablemos de cosas desagradables. Todo pasa por el supuesto de que sobrevivirán: dejar todo lo que, de algún modo, pretendió ser un modo de vida sostenible hecho una mierda, parece ser el objetivo de quienes creen que la suerte del planeta está sujeta a la propia. El solo planteamiento te da la medida de su miopía mental. Y de la desencarnada percepción de la Humanidad.
A todos los que utilizan las armas para arreglar problemas; a todos aquellos que utilizan un doble rasero por el cual miden su persona y al resto de los mortales; a los que hicieron de la mentira, la extorsión y la violación sistemática de los derechos más elementales os digo: ¡Así no!
“…los demógrafos estiman que 109.000 millones de personas han vivido y muerto en el transcurso de 192.000 años. Si sumamos el número de personas vivas hoy, obtenemos 117.000 millones de humanos que alguna vez vivieron. Esto significa que, por cada persona viva hoy, hay aproximadamente 14 personas que ya no están con nosotros. «Son estos 109.000 millones a quienes tenemos que agradecer por la civilización en la que vivimos. Los idiomas que hablamos, la comida que cocinamos, la música que disfrutamos, las herramientas que usamos, lo que sabemos que aprendimos de ellos»
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