Hoy me ha dado por pensar, sin pretender ser original, en que el mayor organismo, el más complejo que apenas conocemos, se está quejando: un poquito. Nuestro planeta está enfermo. Y, si lo comparas con nuestros dolores, adviertes asombrosas similitudes. Calores y fríos casi al mismo tiempo, vientos y brisas: huracanes y mareas que, inesperadas, arrasan nuestras costas y vacaciones sin ninguna educación: es la misma educación de la que hacemos alarde cuando, enfermos, somos insoportables, impredecibles.

También me ha dado por pensar, qué barato es, que los santos deben estar un poquito hasta las narices de los creyentes: los sacábamos de los templos hace un rato rezándoles  para que los pantanos se llenaran pues, tenemos la costumbre de beber; de beber y despilfarrar el agua como si no hubiera fin, como si fuera un bien inagotable. Pero, al mismo tiempo y coincidiendo con las fiestas de Semana Santa, donde la devoción y la adicción al incienso se entremezclan con el ruidito que hacemos al caminar sobre las manchas de cera que dejan a su paso los cirios penitenciales, les pedimos a los mismos santos que no llueva: que espere a la semana que hay después de la presente y la que está antes de la feria de Abril. Lo menos que pueden pensar tales personajes, tan modélicos, tan sufrientes en sus pasos, es que los creyentes no estamos mejor que el planeta: por eso nos parecemos tanto.

Y bueno. No queda mucho más que contar. La cura del planeta, como la enfermedad, somos nosotros. La fe, aquella que nos hace reposar en lo que da sentido, cimenta nuestra existencia, da consistencia a nuestros actos, se ha de vestir de penitente coherencia: la que expone a todos nuestros descalzos y encadenados pies pues hay pecados que expiar, pero tiene la verdadera intención de cambiar: de ser coherentes y vivir con los que son como nosotros, como yo, de la manera que queremos que la gente viva con nosotros.

La virgen de la Cueva no se moja por razones obvias. Por ello, me parece procedente seguir pidiendo agua mientras aseguramos que las imágenes como la mencionada virgen están a cubierto. Espero que este conflicto de intereses no nos haga perder el norte y queramos, recemos, que se haga su voluntad en la Tierra, como en el Cielo.