Es una tradición arraigada en nuestra iglesia. Las mediaciones vienen a ser que, alguien a quien tú conoces, que admiras y del que eres superdevoto y al que le rezas asiduamente, le pides por algo, alguien, algunos, intenciones, ofreces misas, asistes a novenas, triduos y cosas asín…

Es una intercesión, hablar en favor de alguien para conseguirle un bien o librarlo de un mal; que el personaje, santo o en proceso de canonización con todas las ligas que hay de por medio, le diga a Dios que tenga en consideración mi petición, pues soy devoto del intercesor, soy de una sola mujer y de probada virtud: de misa y comunión diarias…

Y es que es un tema que me viene recurrentemente a la conciencia. Y, casi siempre, se resuelve de la misma manera. Esto es: un ser hijo de Dios, un servidor, le pide a otro hijo de Dios, finado y santo (tras haber pasado por todos los estados, que esto lleva su tiempo: Siervo de Dios, Venerable, Beato y, por fin, Santo) por lo que se haya en la presencia del todopoderoso y eso sólo ocurre cuando estás muerto, le va a decir que “mira este, que te está pidiendo una cosa y, como parece que estás en otros temas, pues eso… que a ver si puedes hacer algo”. Dependiendo de lo milagroso del santo, se obrará el hecho divino. Yo diría que es casi injusto que ocurra…

Se da la circunstancia de que, aquellos que conociste y ya pasaron a mejor vida, son también intercesores. No veas la cantidad de ellos que hay…

Algo me dice que, cuando se rasgó el velo del templo, todas estas prácticas quedaron obsoletas.

Pero… ¡que el negocio no pare! Estampitas, lugares de peregrinación, escapularios, camisetas de la peregrinación anual, una nueva por cada año que vayas hasta hacer bingo…

Lo más curioso es que el todopoderoso es omnisciente. (Conocimiento de todas las cosas reales y posibles, atributo exclusivo de Dios.) Sabe lo que quiero y necesito. Y no necesariamente coinciden. Por ello, tener un correveidile no me parece una buena manera de acceder a Dios. Es como cuando intentas influir de una manera poco académica a alguien. Sea como fuere, doy gracias a Dios, que hace tanto por mí.