Cada vez que escucho la palabra Solemne, me da la sensación de que tiene un efecto de sonido como de profunda gruta: ese que das una palmada y resuena como si fuera una tamborrada… También me suena a gordo, emperifollado, lento, triste, con olor a muchos cirios incendiados… Y a latín: mucho latín.

Bueno. En verdad me suena a sagrado: muy sagrado y muy misterioso. Es como que no es para todos y que su comprensión excede al presente escriba.

Sin embargo, normalmente, se asocia esa palabra a cosas como consagración, ya sea de persona o de la transustanciación del pan y vino en cuerpo y sangre de Jesús, buena noticia encarnada. Y es entonces donde no la entiendo para nada pues, si hay algo feliz es consagrarse o que Jesús nos visite cada eucaristía.

Por ello, quería expresar lo que siento cuando la escucho.

Intento ponerla en algún otro contexto y me resulta inútil. “Mi madre me dio un solemne abrazo, me besó solemnemente”, “jugué solemnemente con mis hijos”, “solemnemente, fuimos a la playa” … Y no quisiera parecer banal, pero me parece que los ejemplos son lo suficientemente importantes como para ponerles la palabra en cuestión. Pero no pega.

Y, a la postre y como guinda del pastel, el postre, creo que no hay nada más solemne que respirar. Querer darle más empaque al asunto es pintar la brisa a lunares. Os propongo vivir toda la vida como si tuviera tanta importancia que hubiera que poner solemne a todos los verbos que la rodean.

Añado algunos de esos verbos y la definición de la RAE.

Liar croquetas, poner lavadora, tender la ropa, fregar el suelo, hacer la compra, cantar, bailar, escuchar música, orar, ver amanecer, mirar la noche estrellada, hacer silencio…

(Celebrado o hecho públicamente con pompa o ceremonias extraordinarias. Crítico, interesante, de mucha entidad. Grave, majestuoso, imponente.)