
Engañado. Durante mucho tiempo he vivido engañado por la publicidad. Esa que se te mete a través de los programas que te venden casas hechas en cien días, con las marcas de las herramientas bien visibles; esos montañeros, rudos hombres curtidos por la naturaleza y la carne roja que se lanzan en sus motos de nieve, marcas bien visibles, a cazar alces con un puñal de Albacete.
Y qué decir de los programas donde llevan un coche comido por la roña, el óxido y los años y salen hechos unos “Muscle Cars” como suelen decir ellos. Todo esto es increíble: coches con más de 500 HP de potencia, con opción a hacer ruido malote cuando le cambias la configuración del tubo de escape, sin cinturón de seguridad, alabando la horterada que le mola tanto al creador del cacharro como al comehamburguesas del dueño.
Esas suspensiones hidráulicas, lasa luces led en el interior de los techos dando un toque de distinción, de exclusividad… No hablan de lo que cuesta hacer algo así. No dicen los estándares que no se han tenido en cuenta y que, en Europa, no pasarían la ITV. No. Todo es a mayor gloria del despropósito de un coche que, sólo mirarlo, gasta 19 litros de gasolina superextracara. Luego, son sólo 30 litros a los cien.
Y todo es ruido. Es aturdimiento permanente viendo coches que son atractivos, no lo niego, pero que son vertidos tóxicos y que uno solo podría subir la temperatura del planeta 0,3 grados centígrados.
Programas para solaz y esparcimiento de un país que se complace en el despropósito, en el más grande, más potente: mientras, los protagonistas se ponen cachondos viendo sus obras maestras y haciendo comentarios estúpidos.
Los hay, programas, de motos, de lanchas, de piscinas y de acuarios. Todo absolutamente innecesario: como que te vendan una casa con cocina de concepto abierto en todos los programas de reformas: sus deseadas islas que hacen desvanecerse de placer a las dueñas de las casas: sus maridos, quieren ver la tele.
En fin. ¡Viva la televisión por cable, el entretenimiento a través de la repetición! Mentir hasta que parezca que el paraíso está al sur de Canadá.