
No deja de ser un chiste malo que, ahora, los norteamericanos se revuelvan contra las políticas de su zanahorio presidente. Lo echaron de menos cuando los demócratas lo sacaron de la casa blanca y lo recibieron como el mesías ansiado para hacer América grande otra vez. Y uno se pregunta qué será eso de hacer grande un país. Si, desde que tengo memoria, es el país más belicoso del mundo, con más gasto militar, con más bases fuera de su territorio, que América del norte vuelva a ser grande pasa por la guerra: cualquier guerra.
Los votantes norteamericanos se hacen cruces al ver que sus hijos van a morir. Morir, por defecto, tiene un efecto secundario. No vuelves a vivir.
Que la guerra, tiene un defecto catastrófico: hace que la economía se vea resentida. No la de los patrocinadores de las guerras, sino la de los curritos de a pie.
Por eso, si los ilusos votantes trumpistas creían que la broma nos iba a salir gratis, se han llevado un chasco. A nadie.
Y, por no extenderme más, como querían un rey, ya lo tienen. Pero ahora, parece que no les viene bien…
Por eso, me tomo la libertad de hacer una afirmación como la siguiente:
En el primer libro de Samuel, en el capítulo ocho, desde el versículo cinco al diecinueve, se describe perfectamente lo que está ocurriendo hoy.
“Disgustó a Samuel que dijeran: «Danos un rey para que nos juzgue» e invocó a Yahveh. Escucha, sin embargo, su petición. Pero les advertirás claramente y les enseñarás el fuero del rey que va a reinar sobre ellos. Samuel repitió todas estas palabras de Yahveh al pueblo que le pedía un rey, diciendo: «He aquí el fuero del rey que va a reinar sobre vosotros. Tomará vuestros hijos y los destinará a sus carros y a sus caballos y tendrán que correr delante de su carro. Los empleará como jefes de mil y jefes de cincuenta; les hará labrar sus campos, segar su cosecha, fabricar sus armas de guerra y los arreos de sus carros. Tomará vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Tomará vuestros campos, vuestras viñas y vuestros mejores olivares y se los dará a sus servidores. Tomará el diezmo de vuestros cultivos y vuestras viñas para dárselo a sus eunucos y a sus servidores.
Tomará vuestros criados y criadas, y vuestros mejores bueyes y asnos y les hará trabajar para él. Sacará el diezmo de vuestros rebaños y vosotros mismos seréis sus esclavos. Ese día os lamentaréis a causa del rey que os habéis elegido, pero entonces Yahveh no os responderá.» El pueblo no quiso escuchar a Samuel y dijo: ¡No! Tendremos un rey.”
¡Hala! Ya tenéis rey.