Como los días de oferta, llegó de nuevo el día de la marmota. En Rusia, su amado zar presidente, acusa a occidente de que, a través de su opositor Navalny, está intentando minar su corrupto y exsoviético edén. Por otro lado, los republicanos han recogido las treinta monedas que les lanzó Trump y, con el culo al aire, han dado por buenos todos los exabruptos, los malos modos, la grosería y la falta de respeto y le han dicho que tampoco ha sido tan malo… Todo esto para refrendar lo evidente: no importa el gobierno. Lo importante es el poder.

Y, como tenemos liga propia, ayer hubo votación en Cataluña. Todos los que se presentaban sentían la patria como propia y, enarbolando la propia identidad, se postulaban para guiar al pueblo catalán a un nuevo período Meiji, dorado aislamiento, en el que serán mucho más felices, los perros se atarán con butifarras y la culpa de todos los males, siempre, será de otros.

Cada uno que viva la vida como pueda. O crea. Pero me da la sensación de que no se trata de traer dignidad a la vida de todos los catalanes. Se trata de darles una buena razón para estar encabronados con el resto del país, haciéndoles ver que son mejores. Por ello, pronto, harán una tabla de carcinomas endémicos catalanes, mucho más agresivos y letales que los vulgares carcinomas españoles. La corrupción catalá será mucho más corrupta, mucho más refinada que la grosera corrupción española. Las deudas contraídas por los defensores de la patria catalana serán más justificadas que cualquiera otra, dónde vas a parar…

¿Y si se trabajara por la dignidad de todos en vez de dividir? Yo no cuestiono las diferencias entre un servidor, andaluz de nación, y un señor de Vilanova i la Geltrú. Yo solo creo que, si lo que importa es el bien de las personas, pasarse la vida entera diciendo que es mejor hablar una lengua u otra, o que la historia se puede leer según me convenga para justificar la fractura de familias, amistades y todas esas cosas menos importantes que la identidad, que discrimina y demoniza todo lo que no sea ella, la cosa no va bien.

Hay una lectura que dice ¡Ay de ti Corozaín! En ella se menciona que, si te dieras cuenta de todo lo bueno, todo iría mejor. Pero…

¡Visca Cataluya! No os merecéis los políticos que os gobiernan.