¡Eh, tú! Si: Tú. Contigo hablo. Que sabes cómo van las cosas. Controlas los procesos, comprendes los motivos. Descompones los ingredientes y canalizas la energía. Tú, que como tú mismo dices, nadie puede enseñarte nada porque nada escapa a tu conocimiento, te pido ayuda.

Después de observar muy mucho, me doy cuenta de que hay gran cantidad de personas que trabajan con denodado esfuerzo a favor de la dignificación de la persona. Y no digo sólo desde el plano creyente sino desde planos nada sospechosos de ser tendenciosos en su ideología. Hay mucha gente buena que está haciendo cosas buenas.

A lo que voy es que me enorgullece ver que mi raza aún es capaz de salir de sus propios límites, de alimentación, reproducción y búsqueda de la propia gloria para buscar el bien de otros.

La pregunta que quiero que me ayudes a contestar es: ¿Qué es aquello que hace que una buena teoría llevada a la práctica, haga que el objetivo a alcanzar se transmute en una búsqueda de eternidad en la memoria y en los libros de historia sin importar nada más? Por decirlo de otro modo: ¿Cómo se hace para seguir siendo siervos de los que no tienen cuando el tiempo va haciendo que su labor y la necesidad de reconocimiento sea mayor que la de la ajena dignidad?

Será quizá que cuando llegamos a un punto en el que sabemos las reglas del juego, queremos que trabajen a nuestro favor: Seamos más papistas que el papa; o seamos el mismo papa en la cuota de Reino de Dios que Dios mismo nos ha adjudicado en función de nuestros dones.

Por no ser demasiado espeso: Si ser eficientes trabajadores del Reino nos hace funcionarios del mismo, nos capacita para malversar todo el capital de honestidad y verdad del que nos dota Dios, nos amputa la ilusión del amor primero, y nos aleja de la inocencia que fundamenta toda acción del Espíritu en nosotros, quizá sea tiempo de comenzar de nuevo.