
“Una misa de precepto es aquella celebración en la cual todo católico tiene el COMPROMISO SERIO de asistir, y que de no asistir, incurriría en pecado, a menos que su condición se lo impida (enfermedad grave). Esto a partir del tercer mandamiento “Santificar las fiestas” (Éx 20, 8-11), del primer mandamiento de la Santa Madre Iglesia (“Oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar”) y del CIC, 1247.”
Esto es lo que he encontrado en la red sobre los días de precepto. Precepto me resulta fascinante. Es una palabra sonora y enigmática. En nuestro idioma hay palabras increíbles como tiquismiquis y prosopopeya, que es la atribución, a las cosas inanimadas o abstractas, de acciones y cualidades propias de los seres animados, o a los seres irracionales de las del ser humano.… Pero no me desviaré del tema.
Día de precepto. Día por el que, si no voy a la misa, incurro en pecado a menos que no pueda ir. Me da que la cosa no tiene que ir por ahí. Y, a riesgo de incurrir en pecado, diré que la única, la única deuda que quiero tener con las celebraciones es la alegría. Decir que algo es de precepto es decir que es obligatorio.
Y llevo mucho tiempo imaginando a una madre ordenando a su hijo que le ame, pues es preceptivo. Y no soy capaz de imaginar amar por decreto ley, o ley orgánica o divina; el vínculo del amor está libre de cualquier cadena, cualquiera obligación. Y, por seguir fabulando, me resulta más que sorprendente ver cómo se sigue hablando de algo que es preceptivo: ¿En qué momento perdimos el norte? ¿Qué circunstancia hizo que tengamos que promulgar decretos para recordarnos que la misa, la Eucaristía, la acción de gracias, es un acto de obligado cumplimiento?
Decido ser ingenuo. Y pensaré que quiero celebrar con quien quiere lo mismo que yo. Y yo quiero ser feliz. No celebraré bajo la amenaza de la condena, del pecado y de la culpa; compartiré las fiestas con quienes quieran celebrar, lloraré los lutos y las ausencias con quienes tengan el corazón roto: y viviré mis días con la esperanza de quien cree que, quien camina, tiene cerca a gente que quiere amar al prójimo como se ama a sí mismo.
(*) Precepto. RAE. Mandato u orden que el superior hace observar y guardar al inferior o súbdito.