De una estupenda conversación, ha brotado de nuevo una certeza, tantas veces olvidada, cuántas enmudecida dentro de mí; es tan fácil olvidar… el Evangelio no es una religión: es la forma de vida.

Y me podrás decir que hay mucha gente que no cree en el Evangelio, que hay otras religiones, que hay otro modo de percibir la trascendencia de los seres humanos… Y sí: diría a todos que tienen razón. Pero, en toda religión, hay una bondad infinita, una misericordia más allá de toda lógica, una paz necesitada… No lo llames Evangelio: Pongamos que lo que sería interesante es que, cada uno, obrara con su semejante como quiere ser tratado.

Si quiero ser despreciado, despreciaré a la gente. Si quiero ser respetado, respetaré a la gente… Perdón por la simpleza, pero es mucho más sencillo. Si no quieres que haya papeles en el suelo, no los tires; si quieres ser aceptado tal y como eres, acepta a tus semejantes. Si quieres ser amado, ama; por favor, ama.

Pero hay quien sigue pensando que hay tierras más sagradas, animales más divinos, impuros más despreciables, razas menos dignas. Y te das cuenta de que es la insoportable necesidad que tienen los mediocres de crear una ficción, un enemigo plausible, un litigio para justificar su incapacidad. Para aislarse de la injusticia, insonorizar su entorno para no escuchar los lamentos de quienes sufren su indiferencia. No es que sean los malos: son quienes se inhiben.

Quien pretende vivir sin trabajar hace que otros, por el efecto mariposa, tenga que trabajar aún más para conseguir una dignidad que le viene dada por nacimiento y no porque la tenga que alcanzar. Si vivo en una situación injusta, es probable que sea por quienes creen que es “la vida” …

Por ello, y siendo pesado hasta la angustia, pido que el sectarismo en todas sus formas de paso a la unidad. Que no haya grupos dentro de la iglesia, mi madre, que creen ser más dignos de las prebendas, tanto celestiales como terrenales; que la injusticia sea, en cualquier forma, la inequívoca señal de que no somos uno.

Ojalá la dignidad en la vida de todos sea la buena noticia que cuenten los telediarios día sí y día también. Que el hambre sea parte del pasado y la guerra, no sea ni un mal recuerdo.