Secuencial. Todo ha de ser en escalera: Arriba y abajo, pero con un poquito de orden. Como un sistema cristalino, la vida fluye obedeciendo a procesos sistematizados, comprensibles, mesurables;
Pero no se respira cuando tragamos. Hay cosas que no se pueden hacer a la vez.
Pero hay una música que susurra orden y no se escucha. Una partitura que hace que cada especializado sonido cuadre en el universo sonoro de la existencia.
Cuando queremos hacer solos con nuestro instrumento fuera de la orquesta puede que cuadre, pero es estadísticamente posible que no sea una intervención armónica. Estaremos haciendo música, pero no estaremos siendo sinfonía.
Haciendo música. ¿Quién puede llamarnos la atención? Somos nosotros, con nuestra propia identidad. Pero, cuando buscamos nuestro lugar por nosotros, sin atender el arrullo del viento que sopla para todos, fracturamos la identidad del todo para servir, sin apenas percibirlo, a un incipiente caos; la victoria de la división sobre la unidad en nombre del todo.
Si lo dices en latín suena más académico: “Divide et impera”.