Yo soy. Por serlo respiro. Vivo. Decido.

En el momento en el que me despojo de mi ser, de mí, de quien soy, involuciono a concha de Nautilus, seca piel de serpiente, dolor sin crecimiento, mecha apagada…

Yo soy abrazo en la soledad, donante en la muerte, voluntario en el campo de refugiados, orante tras los barrotes de la clausura. Soy pagano, soy creyente: cobarde y valiente. Quien permanece y quien huye: todos soy yo.

Porque soy el espejo de todos. Su voz, su mirada. Su grito y silencio. Enfermedad y consuelo, todos dentro de mí.

En tanto eso es cierto, nacen las estrellas en las noches de nueva luna o Luna llena que las esconde para que tomen aliento. Crepúsculo, vestíbulo de la negra luz que acuna el sueño; Alba que llama a las filas de la vida, un día más.

¿Eres tú?