
El otro día estuve en un encuentro y estuvimos cantando. Cada grupo cantaba canciones propias o las tomaban prestadas. Quienes cantaban las prestadas daban, a cada una, su toque personal. Las canciones podían ser seguidas por el respetable y las diferencias con respecto al original eran sorteables: no eran impedimento para cantarlas juntos.
Pero había grupos que no. Ellos cantaban las canciones exactamente como el original: tanto es así que los solistas sonaban como los originales. Había algunos detalles que no eran totalmente fidedignos, pero el resultado, era prácticamente como sonarían los originales en directo, con una guitarra.
El hecho me ha supuesto preguntarme algunas cosas. ¿Pueden grupos adscritos a un colectivo concreto hacer sus propias canciones? ¿Han de promocionar y consumir siempre las canciones que desde la matriz dictan? Me parece que la disciplina de grupo, tan reconocible en muchos movimientos es seña de identidad. Pero siento algo así como que se prescinde de la individualidad, y su única identidad, para parecerse lo más posible al original. Dicho esto, cualquiera representación del original será un facsímil.
¿Os imagináis a gente de un movimiento cantando canciones de otras marcas? ¿o a cualquiera de ellas promocionando musicalmente productos de otras sensibilidades?
No.
Y soy un poquito rotundo porque va en ello nuestra identidad de grupo. Si fuera un órgano, la diferencia entre células podría ser un motivo de enfermedad. Y eso no lo queremos. Y, tomando cierta perspectiva, se olvida que la raíz de todas las cosas está en el Evangelio. Ese que hizo caminar al recaudador de impuestos con pescadores y mujeres: Con mujeres, Dios mío…
Increíble este Jesús que nos llama por nuestro nombre, pues sabe que somos suyos.