
Tengo la sensación de haber escrito este texto hace tiempo. Pero, con lo barato que me sale, lo vuelvo a escribir no vaya a ser que no lo hiciera, que fuera un volunto…
Estoy trabajando en una canción sobre el amor. El tema más viejo del mundo por el que la gente suspira escribir una buena coplita que les saque de pobres o de la ignorancia del vulgo. Y, como me pasa siempre, se me va la cabeza a la parte creyente, la que fundamenta la protección ante tanto ataque publicitario…
Y recuérdome que Dios es amor. Una palabra que lleva en su ADN la libertad; otra palabrita de los cojones que hace que la dignidad de los vivientes sea maravillosa. Me explico:
Sólo es amor cuando lo profeso desde la más absoluta libertad. Por esta regla, las madres no aman libremente, porque tienen un vínculo inexplicable con el crío; pero sí fue libre para decidir si quería un okupa a tiempo completo en su corazón y en su casa…
Y creo que, en la inmensidad de lo eterno (antes durante y después de todo), el creador se dio cuenta que no tenía sentido una existencia, siendo que era amor por definición, en la más absoluta soledad. El amor solo significa, su existencia sólo tendría sentido, si había alguien a quien amar.
Se puso en plan creador. Y, sabiendo la consecuencia que a posteriori traería su creación, hizo al ser humano a su imagen y semejanza. Y, aquí viene la cosa, lo hizo totalmente libre. Como es él. Pues sabía que, si quería ser amado, tenía que ser libre y voluntariamente por parte de sus creaturas.
Por eso era inevitable para dios, siendo que lo era, crear. Pues no tiene sentido ser amor si no tienes a quien amar, porque quieres, y alguien que te quiera, porque quiere.
Todo el poder se reduce al amor. De nuevo, los extremos vuelven a tocarse. Otra vez.