Sondear las profundidades marinas en busca de cosas, o vidas, desconocidas antes de que las matemos a todas con la contaminación. Mirar al cielo profundo para ver cuánta basura tendremos que crear para emponzoñar tanto espacio… El ser humano se empeña en obviar lo evidente, lo que puede hacer que la profundidad deje de ser una pesada oscuridad para ser luz, como los peces abisales: empecinado en desplazar el problema, manda un telescopio al espacio para descubrir planetas que ensuciar pues la experiencia lo dota para tal empeño…

Y hablo de todo esto porque tenemos algo absolutamente inexplorado. Lo llaman, en los últimos 5000 años, paz. Pero, técnicamente, es ausencia de guerras. Porque la paz es otra cosa. Usaré una técnica de sobra conocida para hacerme a la idea de porqué la Paz no es un objetivo a ningún plazo: ni corto ni medio ni ná.

La Paz es creativa y creadora. Es respetuosa con los iguales y con los distintos pues nace de la convicción de que todos tenemos derecho a ella. Es crítica con los que la obvian pues es luz insoportable ante la bochornosa oscuridad de quienes no la practican ni la buscan. Es equilibrio, silencio, diálogo; es llanto en la muerte y es matrona en los partos. No se impone a través de tratados sino que habita sigilosa, de puntillas, mansa…

La paz es jueza: poderosa e inflexible pues no admite sucedáneos ni falacias. Es para todos y no discrimina a ningún viviente. La paz es parte del genoma de la Naturaleza. Es parte de nosotros.

La guerra, por ponerla en el espejo, es destructiva. Sólo sirve a quienes aspiran a dominar por el terror aquello que son incapaces por la razón. Atenta contra todo aquello que no retuerce la verdad hasta la angustia. Es su enemiga mortal, pues la verdad no puede validar la desaparición de ningún hijo de Adán. Es un negocio, al contrario que la paz; beneficia a unos pocos y mutila a quienes no tienen otro remedio que luchar bajo amenaza. Es hija de la ignorancia, de la falta de una educación que nos dota de la dignidad que nos permite ponernos de pie y decir “No”. Es oscuridad: es irremediable en sus consecuencias pues nada puede resucitar a un niño muerto: a ningún muerto. Es irracional, pues no soporta un análisis coherente. Es ruido: dentro y fuera de nosotros. Es llanto por la pérdida injusta de oportunidades y familias… Se impone. Y punto. Interesa sólo a unos pocos. El resto, la sufren.

Es el mayor y más repetido error del ser humano. Aprender desde bien pequeños que matar es lícito. Y que te maten, una injusticia que otros tendrán que vengar.

Las guerras que salen en la tele son las hermanas mayores de las que vivimos todos los días en nuestras realidades. Si cada uno fuéramos capaces de lucharlas en silencio, aprendiendo de los errores, no se harían grandes, no habría señores de la guerra.

Las lanzas se convertirán en podaderas.