Difusa, confusa, etérea y nublosa despertose la mañana. Cursi la manera de empezar, pero me apetecía y me hacía gracia.

La cosa es que, en la galería de los malos malísimos que nos ha regalado la historia, hay uno que es un recuerdo infantil: los comentarios que se hacían de él eran terribles pues, era antropófago; y merendaba niños. Eso, para un tierno infante como lo era yo en aquella época, hace que se te quede grabado. Idi Amín se llamaba el devorador de infantes. Recuerdo retratos en los que se le veía con boina, traje militar y muchas medallas pegadas a la guerrera; usaba gafas de sol y era muuuy negro.

La antropofagia es una cualidad que acojona mucho pues, cuando alguien la detenta y te mira, no sabes si lo hace como si estuviera mirando la carta de un restaurante o como interlocutor a secas… Al parecer, lo de comer niños era mentira: pero el acojono era el mismo.

Pero, como en toda historia de miedo, están los que las protagonizan y los que las cuentan. Y aquella nos enseña que los hablarines que las publicitan son tan culpables de las atrocidades como los que las perpetran, pues son consentidores. De algún modo, les habrán de reportar beneficios dar pábulo al terror, permitir la barbarie, no poner frenos al protagonista.

Hay toda una manada tras el macho alfa de la brutalidad. Hoy se habla de Putin. Y hay muchos que lo han aupado pues les beneficia. Lo mejor de todo es que en toda acción humana en la que hay seres prescindibles o elegidos por la mano de Dios… O incluso líderes inmaculados que invitan a la inmolación de sus seguidores, no hay un liderazgo solitario. Hay una piara de cobardes que se aprovechan de la imperiosa necesidad de algunos por ser protagonista de la historia, ya sea por diablo, ya sea por cualquiera razón…

Dos no pelean si uno no quiere. Uno no se convierte en el mal encarnado si no se propone para ello, no permite que la ponzoña colegiada tiña su alma.

(*)»Delito en que el perjuicio (muerte, violación, desaparición, deportación, detención ilegal, sometimiento a esclavitud o explotación sexual, etc.) se ocasiona como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil o una parte de ella, o por razón de pertenencia de la víctima a un grupo o colectivo perseguido por motivos inaceptables (políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género, discapacidad u otros reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional), o en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre uno o más grupos raciales y con la intención de mantener ese régimen.»