
Parece que la sensatez no es una cualidad que se valore mucho. En teoría, es un valor fundamental en quien se precia de ser sabio, grado más alto del conocimiento o conducta prudente en la vida o en los negocios; pero no: es despreciada sistemáticamente en nombre de la razón de estado.
Esa razón por la cual, la suerte del individuo se vincula con la de todo un país. En nuestro patrio caso, es recibir una supuesta ofensa, todo el país, por haber dudado de la honorabilidad de la presidenta consorte en los negocios. La sabiduría popular, el más alto grado de conocimiento social, dicta que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Pero, como una afrenta es cosa emocional, la uso en beneficio de mis privados intereses…
Y todo esto es sólo el suma y sigue de los despropósitos que aporrean la vida diaria de los bípedos que pueblan las noticias. Hoy se sabe que La Haya ha pedido que detengan a próceres judíos por crímenes de guerra. Estos, superofendiditos, lo califican como antisemitismo y argumentan que Israel tiene derecho a la autodefensa: esa que niegan a los palestinos.
Y como la amnesia es premisa practicada obscenamente por quienes nunca morirán en los campos de batalla, olvidan los generales y presidentes, los que gozan con la sangre de los pueblos ajenos que, intentar argumentar desde el antisemitismo, rusofobia o cualquiera menos famoso y coyuntural líder es pobre, muy pobre. Israel es un perro de la guerra que aplasta porque tiene padrino. Y, cuando se le cuestiona, dice como los niños pequeños: “Papá, mira éste”. Dar pena, apelar a la emoción, la parte más estúpida e irracional del ser humano, es reprobable y detestable pues sólo es una argucia, una huida hacia adelante. Pero, lícitamente, creo que es pena lo que las madres palestinas, cuando entierran a sus bebés, sienten. Ellas sienten
Las acciones que reprobamos en los otros son las más practicadas por quienes las denunciamos. Es un espejo insoportable. Y que nadie nos quiera convencer que hay muertos justificados en cualquiera guerra: todas son inmorales (disconformidad de una acción o doctrina con los preceptos de la moral) No son de otra especie, ni alienígenas: son niños y niñas, con más o menos años, iguales que tú.
A todos se nos pedirá cuentas de nuestros actos. Y no hay peor juez que nuestra conciencia. Lo malo es cuando no la hay.