
Hace unos días, tuve una conversación diferente; en el contexto en el que me muevo habitualmente no es muy normal hablar de sexo. Pero hablé de ello con alguien muy cercano. Y me di cuenta de la distancia que había entre los dos. Pero no quise vencer: escuché.
Me dijo que una cosa es tener sexo por diversión y otra por amor. Que el “aquí te pillo, aquí te mato” es una mierda, pero que se da. Somos dueños de nuestro cuerpo y podemos hacer lo que nos da la gana. La conversación derivó en educación sexual y porno. Me dijo que este último, el negocio, hacía defensa de la diferencia, de la pluralidad; que no teníamos que ceñirnos a un criterio en el que se estigmatiza a este modo de ganar dinero.
Reconozco que es un tema interesantísimo. He visto vídeos promocionales de salones donde se publicitan estos valores desde su perspectiva. Y parece que defienden una sociedad librepensante, independiente y capaz de superar sus límites morales, pues son cadenas, faltas de respeto al yo interior, genuino…
Creo que, en un mundo perfecto, donde el equilibrio imperara, la educación fuera integral y los valores fueran vitalmente rubricados, casi estaría de acuerdo. Pero no lo estoy.
Los niños ven porno antes de dar su primer beso. Se valida un negocio en el que la facilidad para acceder a esos contenidos está a un móvil de conseguirse…
Y todo esto es solo la excusa para hablar de que los negocios son los negocios. Que podemos vender tabaco y advertir de su letalidad; vender alcohol y recomendar su consumo responsable. Exigir educación sexual cuando nuestros políticos no son capaces de ponerse de acuerdo sobre qué o qué no es importante en una ley de educación (no tiene nada que ver con el partido gobernante). Devaluar los valores pues son malos para los negocios. Fingir que ser permisivos es más educado, más libre: pero sin educar en que la libertad empieza con el autoconocimiento, el respeto a la propia persona y al crecimiento desde el aprendizaje: la experiencia y la teoría que me hará discernir qué es lo que quiero y qué es lo que se me impone.
Apostar desde muy joven hace ludópatas. Pero es muy sencillo y las casas de juego y apuestas florecen en una sociedad donde la educación en todos los ámbitos del ser es un desierto: palabras sin contenido.
No. Una mentira es una mentira por mucho que se repita. El tabaco mata, el alcohol te hace daño: también mata. El porno no es educación sexual y no se puede blanquear por mucho que se alce como bandera de la libertad de pensamiento. El juego es una adicción como el tabaco, las drogas, el alcohol y el porno.
Pero esta es mi opinión. Quienes se ganan la vida con las actividades anteriormente citadas estarán en desacuerdo con mi casposa y antigua forma de pensar.
Que no me hablen de que, a la par que vierten todos sus contenidos, están dando valores que son contrapeso a su información: que somos conscientemente libres para elegir…
A todos ellos, mi más profundo respeto. Intentaré ser respetuoso con mi forma de pensar. Me parece lo más educado.