
Voy a ser políticamente incorrecto: seré como un niño pequeño que constata lo que ve sin filtros, sin hipotecas…
Veo cómo Puputin sigue jugando al “Peor, mejor” en el tablero internacional. Juega a ser reina en el ajedrez del este europeo manteniendo a peones como Lukashenkoff; este, en Hielorrusia, juega la partida de la extorsión con los inmigrantes de Oriente Próximo para legitimar un régimen corrupto: Europa lo sabe, pero no puede hacer mucho. Esto de los regímenes corruptos es muy común. Intentar mantenerse en el poder a cualquier precio es un deporte olímpico casi pues se acepta en todo el mundo con grandes plusmarquistas: Hobiang en Guinea, Mmaduro en Venezuela, Kastro en Cuba… (no olvidemos a Thukerberg, que lleva la deidad al campo de la realidad virtual para hacer negocio a otro nivel si cabe)
Luego están los títeres necesarios para mantener una economía altamente lesiva para el planeta: véase Johnsonson hablando de Josefa la cerda cuando no sabe seguir un discurso, Jaragonés y toda su corte, afanados en amputar el castellano, Sánches haciendo de la política una pasarela en la que mostrar al mundo lo guapo que es, proporcionalmente a su ineptitud para el cargo, Volsonaro deforestando la Amazonía… Reconozco que estamos tan acostumbrados a su estupidez que se les coge cariño, como a las mascotas.
Y hablo de maleducados: todos maleducados sirviendo a un mal mucho mayor. El poder disminuye la capacidad para percibir la realidad con nitidez y los rodea de bufones que aplauden estentóreamente su mediocridad. Y, lo peor a mi juicio, es que se aprovechan de la mayoría: educada y cortés que respeta a los maleducados pues les obliga la decencia y la cordura, valores inexistentes en el país de nunca jamás en el que viven los que sirven al dinero.
Bueno. Dicho todo esto, no he dicho nada que no salga todos los días en los periódicos digitales de todos los ámbitos ideológicos; con afecto, les dedico, como decía la poetisa, mi vasito de leche y a dormir.
Yo creo que la educación será faro en esta oscura realidad que vivimos. Por mucho que se empeñen en emponzoñarlas el poder y sus sacristanes.