
Y es que, la comunicación verbal, es lo que tiene. Es una necesidad y un recurso maravilloso. Por eso, empresas de todo el planeta, se lanzaron a copar el mercado cuanto antes. Y era la comunicación entre personas lo que buscaban, eso decían; pero lo que querían en realidad era al usuario, al que paga: su dinero era codiciado por todas las corporaciones dedicadas a este menester. Esa era la primera división de la comunicación. Y luego llegaron las ligas inferiores: ¿cómo nos comunicamos? Aparecieron entonces sistemas operativos distintos entre las empresas de móvil. He conocido hasta tres. Pero hay dos dominantes. Entre ellas no se entienden: tienen aplicaciones comunes, pero con incompatibilidades calculadas para establecer la diferencia.
Y si: aunque parezca que si, no estoy hablando de Religiones: estoy hablando de móviles. Pero el parecido es asombroso, ¿no os parece? Comunicación y copar el mercado con un modo concreto de creer, de practicar una religión en la que la pugna por la verdad es irrelevante: el poder y sólo el poder es el ruido sordo que hay bajo los pies de los creyentes.
Para que no se profundizara demasiado en la verdad de lo que se cree, en la comunicación a través de los móviles, ahora tienen miles de aplicaciones con las que abotargar el entendimiento, hacer perder el tiempo y consumir la existencia consumiendo en plataformas online, hipermercados virtuales… La religión también tiene sus aplicaciones para asegurarnos un acogedor rinconcito tras la redentora muerte en un cielo maravilloso. Sólo es cuestión de obedecer. Obedecer, no cuestionar y pensar poco, que no está bien poner en duda las verdades de las aplicaciones de los móviles.