color_negroComo los pueblos que viven oprimidos, la costumbre les hace percibir que la realidad es inmutable.

Y me ha dado por preguntarme: ¿Cómo sería la vida sin luz? De momento, no nos veríamos. Tendríamos que desarrollar otros sentidos para relacionarnos. Al ser inútiles, los ojos desaparecerían lentamente hasta unir, en una superficie homogénea, pómulos y frente; el olfato pasaría a un primer plano, pues el olor es fundamental en las criaturas subterráneas, ciegas.

El oído, ese olvidado a derecha e izquierda, se hiperdesarrollaría. Seríamos capaces de reconocernos por el ruido que hicieran nuestros pies. Pero tendríamos que llenar de contenido cada palabra, cada giro vocal pues tendrían que mostrar todo su significado sin gestos. Ya no serían los ojos el espejo del alma: Lo serían las palabras.

No podríamos leer. No existirían las historias manuscritas. Sólo la memoria del pueblo recitando las crónicas de cada héroe que mereciera ser cantado. Las fiestas serían himnos a la polifonía pues todos tendrían que comunicar con sus voces la vida festejada.

Los sordos, tristes, tendrían que hablar con las manos, en contacto. Nos obligarían a aprender otro lenguaje en la adversidad. Las claves de la voz traducidas al tacto.

Permanecerían en la memoria del Mester de Juglaría los hechos dignos de recordar. Y el de Clerecía tendría que encarnar, de una forma profundamente sonora, la palabra de vida.

Cerremos los ojos. Encendido el negro color, abramos todas las puertas.