aisladoTantos cuentos, fábulas, chascarrillos; la historia de la humanidad está llena de guiños a la trascendencia hasta en lo más burdo, soez; el juicio y la lógica vital se empeñan en hacerse presentes en lo más culto y lo más bárbaro: Donde la inteligencia hace honor a su nombre y donde lo salvaje campea a sus anchas.

En todos los contextos, ámbitos, áreas de nuestra vida y conocimientos está la chispa vital, el calórico decimonónico, impregnándolo todo, que explica lo inexplicable con palabras conocidas.

Con botas de agua cruzamos charcos y sentimos el frío del agua, pero no nos moja. Incluso, con escafandras de buzo nos sumergimos en el profundo azul y su presión abisal nos zumba en los oídos: Pero no nos empapa. Trepanamos el cielo con nuestros aviones y el aire no nos despeina.

Vivimos nuestra vida: Pero no nos emociona.

Y no es que no esté el aire, ni el agua ni la emoción: Es que conocemos las características de todos y, sin embargo, nos hemos quedado en su definición. No hemos experimentado la sed para beber a cántaros las lágrimas de nuestros hermanos, respirar sus gritos y sus risas. Nos limitamos a ver los documentales y constatar, aseverando concienzudamente, lo mal que está todo.

El amor. La Humanidad. La Fe. No es que no estén. Es que creemos conocer su significado y, con ello, las dominamos. Torpes de corazón y ciegos ante la verdad. Con ellos bajo la estricta mirada de la lógica sistemática, vagabundeamos nuestra existencia.

Un beso fuera de guión. Un salto al vacío no contemplado por la ley. Un Dios en el pesebre. Una resurrección de pronto.