Reconozco mi perplejidad. La situación política en nuestro país es esperpéntica. Mientras un lado, como siempre tenemos que hablar de la lateralidad política tan necesaria, claman por la unidad, la otra avienta los miedos atávicos que ya condenaron a tantos hermanos tiempo atrás. Unos ganan las elecciones y otros pactan para gobernar. Pacto siempre me ha sonado diabólico, tú sabes; pero, a mi juicio, y es una opinión tan lícita como cualquiera, gobernar a cualquier precio no me parece honesto.

Y no me lo parece porque creo que pactar tal y como vienen cacareando, en nombre de la libertad, la pluralidad y todas esas cosas tan progresistas, qué manera de emponzoñar la palabra progreso, sigue practicando la noble y latina frase de “Divide y vencerás”.

Lo más penoso del asunto es que esta canción me suena mucho. Y todo aquel que juega a la atomización, la descomposición, atrae sobre sí una pléyade de individuos que se benefician: y otra, tan grande o más, que se ve perjudicada. Y, creo yo en mi inocencia democrática, que el bien, o es para todos, o perjudica a todos.

Y ahora me meteré a agorero. Que nadie crea que de la calculada división que nos traerá la progresía no traerá los lodos de los guetos. Pronto habrá sumandos que se verán restados, socialistas deshonrados, igualitarios ninguneados: los de primera serán beneficiados mientras los de segunda y regional preferente, serán olvidados calculadamente hasta las próximas elecciones.

Y los catalanes, los verdaderos, perseguirán a los que no sean fieles a la fe independentista. Los vascos, los del gen vasco, mirarán con desprecio a quienes no reconozcan su prehistórica historia, diferente en fondo y forma a todo lo que la historia ha mostrado: todo eso son patrañas, pues la patria vasca, como la aldea gala, no fue hoyada por invasor alguno y todas esas mitologías inventadas por los retorcedores de la verdad: tanto en el País Vasco como en Cataluña.

Por ello, me atrevo a decir que quienes pactarán para que nos gobiernen las minorías, no están tan lejos de Donald Trump. Han aprendido muy bien la lección.