
Hoy he tenido una conversación la mar de interesante con un amigo. La cosa comenzó a partir de un “Gloria a Dios” porque había ido bien una cirugía. Y yo le pregunté si también se daba gloria a Dios cuando la cirugía no funcionaba. Me dijo que era una situación difícil pero que, si el Señor así lo disponía, por algo sería. Yo opiné de esto último que no creía que Dios tuviera nada que ver con el resultado de una operación, ni por su causa ni en el resultado. Me dijo que Dios no hace nada: tiene el poder para quitar males y que, si no los quita, es por algo.
Le dije que con esto último no estaba de acuerdo. Siguió diciendo que si el Señor no lo curaba, sería que tenía otro plan para él; pero que él, mi amigo, creía en el poder de la oración, que la única oración no escuchada es la que no se hace. Le pregunté si nuestra oración puede cambiar los planes de Dios a lo que me dijo que no: ni puede ni debe, pero que podía orar. Jmmm, le dije: ¿no ves el conflicto? A lo que me contestó que lo veía pero que eso podría quitarle las ganas de orar y la convicción de que sirve para algo. Por ello, ni se planteaba el conflicto.
Con permiso de mi amigo, le doy una vuelta al asunto.
El gesto inmediato a situaciones no deseadas es hacer una plegaria por triplicado para que todo vaya bien. Comprensible. Pero me resulta complejo concebir mi capacidad para incidir en la supuesta voluntad de un huracán, permitido por la voluntad divina, para que no arrase una región. Creo más bien en que, dentro de los planes de Dios, todo amor por definición, no entra la muerte ni la enfermedad: esas cosas son propias de la naturaleza humana: falible y efímera.
Siguiendo con la reflexión, sería un creyente de oportunidad cuando mi oración es de petición si sólo me acuerdo de Santa Bárbara cuando truena. En fin.
Y he recordado de la melodía italiana de “Volare”. Por eso le he puesto el título éste en el encabezado. Me ha resultado divertido. Lo único es que, si llevamos dos milenios haciendo oración, vigilias, novenas para que no haya guerras, hambrunas, pestes y desastres naturales, o cambiamos el código por ser incomprensible para el receptor o reconsideramos nuestro papel en todo lo que ocurre. Quizá sea esto último. Es posible que la oración sea para que cambie nuestra mente y corazón y la relación que tenemos con nuestros hermanos y entorno.