
En este marasmo de vida, este estilo en el que todo vale y que se fundamenta en relaciones comerciales o emocionales (o las dos a la vez), me encuentro con una forma nueva de relación. No lo es por las partes que la ejercen sino por la manera en la que se plantea. Se llama, la tendencia, Pets Parents y, como su nombre indica, viene del mundo anglosajón. Podría haber sido el acrónimo de Plus Pints, pero no…
A lo que voy, que me pierdo: se establece una relación de cuidado con las mascotas más próxima a la que se establece con los descendientes de los humanos: colegios, guarderías, terapias, psicólogos, seguro médico, entrenadores y chefs, paseadores que los ejercitan varias veces al día… Y luego hablan de las extraescolares de los niños; eso es estrés y a ver quién me discute.
Y dicen que los animales de compañía dan mucho amor. Y yo, persona de costumbres, vuelvo a exponer mi punto de vista: los animales nos quieren mucho porque les hacemos sentir bien y los alimentamos. Tienen una vida que ya la quisiera una familia del tercer o cuarto mundo, lo cual no deja de ser una aberración. Pero, como es nuestra aberración, lo hacemos heredero de nuestras posesiones y dueño de nuestras vidas.
¿Por qué vincularnos a las mascotas de esta guisa? Porque hay una distancia inter-especies que nos aleja, un poquito pero suficiente, del vínculo que nos supone un hijo. Un progenitor necesita a otra persona para tener descendencia. Un padre de mascota sólo tiene que buscar un sujeto paciente-sufriente-disfrutante de todas las atenciones que quiero dar: de ese modo, mi afectividad está encauzada hacia un maravilloso empeño. De conseguirlo, la remuneración es casi inmediata.
No quiero mascotas. Para eso ya vivo yo en casa y soy la oficial de la familia: el mejor animal de compañía; no dejo pelos por el suelo ni deshilacho las cortinas: Me lavo solo, cocino, plancho: chófer cuando se necesita escoba tras la fiesta nocturna. Mi superpoder es calentar la cama rápidamente en invierno…
Reconozco que no comprendo cuál es el recurso mental de sustitución que hace, de una mascota, un hijo. Habrá compensaciones, supongo.
Para terminar, mencionaré una frase clásica: “Cuanto más conozco a los hombres, más me gusta mi perro”. A lo que Mafalda diría: “Pero ¿qué periodismo es este? Falta la opinión del perro. “