
Desde hace algún tiempo, me ronda una idea que, para mí, es descabellada. Y es que tengo claro que una vida digna para todos pasa por la conciencia de que somos uno. Si la bondad no puede negarse, lo bueno que haya en cada vida, hará que se comunique, como la raíz a las hojas de la copa del árbol.
Lo interesante es que tanto la raíz, como las hojas tienen nombres diferentes para nombrar distintas partes de la unidad que forma un árbol. Perdón por la obviedad, pero la identidad del conjunto determinado por la palabra árbol no se ve comprometida por la identidad inviolable de la corteza, la raíz, flores y hojas: cada parte distinta…
De ahí, pienso en coral, la canción que canta el conjunto tiene armonía. Pero ¿no creéis que cada una de las partes puede hacer un solo distinto, pues distintas son sus propiedades, funciones? Todos para uno: todos diferentes.
Y es que, para ser todos uno, cada uno ha de recordar su identidad. Debe trabajar para el todo sin olvidarse de su inalienable identidad, su canción: la que late en lo más profundo, la que le une a todos los que precedieron para darle su carácter propio…
En cada árbol, cuerpo, sociedad, encuentras los coros que mapean su historia. Pero, en cada uno de los grupos corales, hay un tenor, un solista consciente de sí, que canta con todos.