Si durante mucho tiempo haces algo, reconoces cuándo no se da el resultado apetecido. Si las campanas suenan cada vez que se llega a la hora en punto, si las tiendas abren a las nueve, si el despertador zumba a las seis… Todas esas cosas tan cotidianas que ocupan un espacio inespecífico, pero que marcan lindes, señalizan comportamientos.

Esta primera reflexión llega a colación por la cantidad de mensajes que se reciben que llegan a naturalizar desnaturalizados comportamientos. Una vez me dijeron que hay tantas series yankis de policías, siempre tan cumplidores, tan honestos, tan legales, porque es una manera de hacer publicidad y que se note poco todo lo que hacen mal. Y puede que sea cierto. Cada poco, aparece un episodio de violencia policial… Pero no es por eso por lo que escribo esto.

Es la violencia que desayunamos, almorzamos, merendamos y cenamos: esa ficticia que dice: “Ha sido una herida limpia: la bala ha salido”. Como si no doliera al entrar y al salir; las palizas que describen con todo lujo de detalles los dientes que el apalizado pierde… ¿Cómo se puede romper un bate de beisbol sobre alguien y que se levante, el recibidor del estacazo, para clavarle al malo un cacho de tan deportivo palo?

Ya voy terminando. Se instala en la memoria residente una especie de cláusula por la que, si se diera el caso, no estaría mal: porque lo hemos visto tantas veces, que tendrá que ser verdad, ¿no?

Por eso, mata, dispara, golpea, insulta; eso no lo harán contigo.

Pero ¿y si alguien piensa lo mismo para ti?

Para finalizar, propongo series que hablen de la antítesis de todo lo referido anteriormente. Quizá con ellas consiguiéramos que nuestros vecinos fueran dignos del respeto que anhelamos; sus hijos e hijas no fueran presuntos violadores o futuras abusadas…

Quizá y sólo quizá, seamos capaces de percibirnos como gente digna del mayor cariño, del abrazo más sentido, del beso más esperado…

Propongo que amemos al prójimo como a nosotros mismos. Que nos amemos. Eso, quizá, haga cambiar nuestra relación con nosotros. Y con el prójimo.