Hoy he recibido un mensaje sobre un evento provida. Uno de tantos que promueven el cuidado del nonato, salvándolo de las garras del aborto hasta su desembarazamiento y puesta en casilla de salida hacia la vida tan defendida.

Defendida hasta que nazca. A partir de ahí, que la madre se busque la vida y que el hijo crezca como pueda.

No defenderé el aborto. Pero lo que sí quiero es preguntar qué es provida. Porque la gente parece que circunscribe la salvación de la existencia hasta el parto. Todo lo que va a partir de ahí, son circunstancias eximentes para los abajo firmantes.

Lo que sí voy a defender es la dignidad de la vida en todos sus estados. Defenderé que no se puede hacer bandera de la defensa de la vida desentendiéndose de lo que vendrá después de la inscripción en el libro de familia. De la vida digna que tiene hogar, padres, educación, comida, recursos e ilusiones: proyectos de presente y futuro.

Cansado de la atomización de una política a nivel mundial en la que se busca el bien de nuestra sociedad en detrimento de otras tan dignas de ser protegidas. Esta reducción al absurdo de la defensa de la vida humana cuando nos importa una mierda la vida de quienes ya saben caminar: menas, ninis, víctimas de violencia vicaria, de horarios de trabajo que delegan la paternidad en artilugios a nuestros hijos, para que no noten nuestra ausencia.

¿Es esa la vida que queremos defender? Que quienes se rasgan las vestiduras porque una mujer decide abortar en un Abortorio (término para mí desconocido hasta hoy) pregunten qué puede llevar a una mujer a ir en contra de su naturaleza y segar una vida. No creo que sea considerado deporte ni un juego. Más bien un acto de desesperación. Pero, tampoco voy a meterme en las bragas de nadie para decir qué o qué no ha de hacer. ¿Acogerás en tu casa a quien quieres salvar para darle una vida digna o es más bien esa sensación acojonante por la que te sientes mejor que quien va a abortar?

¿Hasta qué punto es sagrada la vida de un desconocido? ¿Dónde termina mi responsabilidad para con la madre y el crío?

¿Quién contesta? ¿Quién dice yo?