¡Me pone cuarto y mitad de semiautomática y dos cajas de balas de punta hueca, por favor! Pero, ¿no está usted en tratamiento siquiátrico? ¿Está usted coartando mi libertad como miembro del pueblo soberano y libre de USA? Disculpe: con la compra de la munición, le regalaremos por cortesía de la casa, un lanzacohetes Stinger.

El Libre Mercado. Tan orgánico y autoregulado. Las armas, tan bonitas y molonas, con sus adaptaciones para niños menores de diez años y sus colores rosa, terra y, sobre todo, el elegante negro…

Decir todo esto parece gracioso. O quizá tendencioso. Pero no deja de ser una verdad como un cadáver destripado por una ametralladora. Muertecito, bien muerto, queda el que tiene la bendición de ser tocado por las hijas del plomo. Todavía nos sorprendemos que haya ataques en las escuelas norteamericanas. Lo increíble es que los americanos se sorprenden. Desde la de Columbine, no se ha hecho nada para limitar el acceso a las armas a cualquiera con dinero y ganas de jugar a soldaditos.

Y está todo eso de los daños colaterales: madres que lloran la pérdida de sus hijos, el tirador, abatido por la siempre eficiente policía, los altares donde se ponen fotos de los críos y ositos, Teddys, para acompañarlos en tan macabro recuerdo…

Yo creo que todo es consecuencia. Muchas veces siento que se trata todo como si fuera causa: Alguien que va a una escuela a cazar no es la causa de las ganas del cazador por saber cuánto tardarán en cazarlo a él y cuántos se llevará por delante. Más bien es consecuencia de la distancia entre realidad y percepción en el día a día de tanta gente que cree que tener armas no les obliga a usarlas, que tienen derecho a todo lo que se les pase por el lóbulo frontal, o el arco del triunfo; siempre habrá quien se libre y piense que tiene que comprar un carro de combate Leopard por si las moscas, no vaya a ser que un lunático quiera entrar en su casa, llamando a la puerta, con la intención de venderle galletas de Jengibre para la asociación de veteranos…

Si este es el Reino de Dios que quieren para sí los creyentes Estados Unidos, no sé que nos espera al resto del planeta.