
Hay que reconocer que la constancia en buscar situaciones autodestructivas, suicidas, es proverbial entre los especímenes humanos. Y amnésica pues se reproducen rítmicamente, casi exactamente, sin alteraciones: con un período de semidesintegración inexistente.
Los mismos errores. Las mismas motivaciones. Las mismas consecuencias. Intentaré desarrollar una pifia de manual: todo un clásico.
- Un dictador, docto o iletrado, de familia dictadora o de nuevo cuño, se dedica a perpetuarse en el cargo pues es bueno para su salud y malo para el colon de sus compatriotas, pues da un por culo de narices.
- Un líder perseguido. Dícese de aquel que tiene el susodicho colon irritado por los desmanes del primero. Conoce la desdicha y sabe que debe haber un cambio.
- Tras revolucionaria y patriótica conmoción, el segundo derroca al primero, que puede o no morir en el proceso y…
- Vuelta a empezar. El segundo comprende que el poder hace que la suya sea más grande, más gorda; que el pueblo merece que sea otro quien les irrite la zona donde la espalda pierde su honroso nombre y que donde dije digo…
Y así. Ocurre en los países, en las regiones, en las provincias, ciudades, bloques de pisos y juegos online. Desmemoria sistematizada, ocupación del poder por cualquiera y defensa a ultranza de lo indefensible. Es mucho más sencillo jugar al mismo juego, con las mismas reglas, sabiendo que la perspectiva nos aconseja que no lo hagamos, que preguntarnos si no sería más lógico no jugar. O, en el peor de los casos, cambiar las reglas.
Es posible que posible que romper la lógica de la división fuera la solución a litigios infantiles: es más que probable que, si la luz de la verdad iluminara nuestros actos, sería más fecundo cada tropiezo, pues nos acercaría a una realidad tan nueva como profetizada.
Ni ucranianos ni rusos, judíos o palestinos, neandertales o cromañones: Quiere para el otro lo que quieres para ti. ¿Qué podemos perder que no hayamos perdido ya?