
Recuerdo que, cuando era pequeño e iba por Madrid, pensaba: ¿te imaginas ver a un negro en Madrid? Lo que son las cosas…
Recuerdo también que, en la capital, los donuts eran más grandes. Es como cuando pensaba que, por ser la ciudad más importante del país, los barcos serían enormes.
Lo que no han cambiado desde que soy un niño son los líderes que piensan que las suerte de los países está asociada a la suya propia; que su bienestar es el de todos, aunque todos no vivan lo bien que viven ellos.
En las guerras, siguen muriendo los soldados rasos.
La razón de estado es la más carente de las razones.
Gastar dinero en servicios públicos resta ganancias a las empresas a las que subrogan dichos servicios.
El derecho a masacras que unos tienen no es proporcional al daño recibido. Probablemente sea la excusa perfecta para apisonar al débil.
A Rusia no le interesa la paz en Ucrania. Corrijo: a Putin no le interesa la paz en Ucrania. Es sólo un divertimento personal a costa de las vidas de los soldados rasos para saciar un hambre que no se puede colmar por más cadáveres que sumes al plato.
A Estados Unidos no le interesa ser grande otra vez. Nunca lo fue. Es sólo una excusa para ganar en río revuelto. Seguro que los americanos de a pie no se van a beneficiar del descerebrado de Trump.
Un político nunca asumirá las responsabilidades por las que se les paga. Siempre habrá cargos intermedios a los que culpar, soldados rasos, o circunstancias adversas que, como el tiempo meteorológico, no se puede controlar.
Cuando la autoimagen no se corresponde con la real, se elige la autoimagen.