
Perseguir es un verbo actual. Aplicable a multitud de actos que los seres humanos hacemos de normal, parece más común, si cabe, someter a acoso y derribo a todo aquello que no es políticamente correcto: ni incorrecto.
Las noticias se llenan de afirmaciones y desmentidos con la misma facilidad con la que se forma y se seca un charco. No hay pudor. Ni tampoco quedan residuos. Ni cicatrices.
Y, mientras constato que cualquier excusa es buena para atacar a la iglesia, con y sin fundamento, se disculpan los mismos pecados a las instituciones laicas porque están formadas por gente que, por ser humanos, pueden errar. Fascinante: la iglesia debe estar formada por seres celestes o extraterrestres venidos de Radiculín.
Pero, según me parece, es mucho más eficaz para la mejor manipulación de la sociedad, que olvide su capacidad de trascender del yo hacia el prójimo. Se sustituye por afiliaciones a partidos o asociaciones para la memoria o cualquier otro tipo de comunidad de intereses que sean evaluables económica y socialmente como adecuadas. Así, se vacía el corazón del hombre y se llenan los bolsillos de los pescadores. (los del río revuelto)
A los pescadores de hombres, se les acusa de los mismos pecados que al resto de trabajadores del sector primario. Pero con el valor añadido de que son gente que se les supone altura moral. Curioso: a quienes se dedican a fusilar bajo cualquier circunstancia no se les supone tal valor…
Y yastá: Hoy hago una cerrada defensa de la falibilidad del ser humano: de todos los hijos de Eva. En el error y su reconocimiento hay posibilidad de redención. En la negación de la realidad, en la virtual posverdad que nos cerca, me da la sensación de que no.