Hoy comienzo esta reflexión con un apunte hecho en un periódico nacional. En la mención se habla del acuerdo que ha llegado un partido con otro para conseguir su cuota de poder: el uno y el otro.

“El acuerdo cerrado es especialmente trascendente porque además de incluir el uso inmediato del catalán en el Congreso y en las relaciones entre los ciudadanos y la Administración recoge el compromiso de avanzar en la desjudicialización del «conflicto político catalán» por «las vías legales necesarias» para impulsar incluso la tramitación y eventual aprobación de una ley de amnistía.”

Un cambio de cromos en el que cada uno mantiene el discurso ideológico que más le conviene: donde la mayoría del país asiste estúpida a las concesiones más peregrinas…

Me parece fascinante que el catalán se hable en el congreso de los diputados. Eso hará que nuestra comprensión de la obra bufonesca en la que se ha convertido la política sea más fluida para los millones que no hablamos esa lengua. Maravillado quedo ante la imposición de la idea de conflicto: me hace reconsiderar que conflictos como los que hay en el áfrica subsahariana, en el sudeste asiático, con las represiones a minorías étnicas y religiosas, suben a otro nivel, no sé…

Y llegamos al punto en el que se habla de amnistía. (RAE Olvido legal de delitos, que extingue la responsabilidad de sus autores). Así, da gusto gobernar.

Y todo este preámbulo, ¿para qué? Pues para hablar de un preso que conozco, con cáncer terminal, que me decía que no quería morir en la prisión. Un preso común que no tiene amigos en la política, como lo tiene un expresidente de la junta de Andalucía que nunca ingresará en prisión porque tiene cáncer. Lo único que tienen en común uno y otro es la temida enfermedad. Todo lo demás, los hace distintos.

¡Es bueno delinquir sabiendo que te deben favores gentes que harán una interpretación laxa de la ley!

Hoy pido clemencia, misericordia para todos aquellos que mueren de cáncer en las cárceles; de las anteriores circunstancias que he descrito en el presente escrito, sólo puedo decir que siento repugnancia. Espero que todos recibamos el justo premio a nuestra justicia. (la que nos iguala a todos)