
La población mundial alcanzó en 2022 la cifra de 8000 millones de personas. Se calcula que el número de lenguas habladas en el mundo es de 7.000. Esta aproximación se basa en el número de culturas actuales. Dicen también que, en el mundo, hay 4.200 religiones. En torno al 77% de la población mundial cree. Y practica su credo a través del Cristianismo, Islam, Hinduismo y Budismo.
Una persona, el cuerpo humano es una pieza de ingeniería compleja. ¡Hay 200 huesos, 650 músculos, 79 órganos y suficientes vasos sanguíneos para rodear la Tierra dos veces! El corazón es una maquina perfecta que late 100.000 veces al día, 35 millones al año y más de 2.500 millones de veces como promedio en una vida de 80 años.
No sé cómo suena el latido de un esquimal, ni como resuenan sus oraciones; creo que, cuando un bosquimano siente sed, opinaría que la mejor manera de saciarla es con agua: curiosamente, los aborígenes australianos la saciarían con el mismo producto…
Nos hemos puesto de acuerdo para mantenernos vivos, esencialmente, sin necesidad de acordarlo. Y, teniendo 100 mil millones de neuronas en el cerebro, material creo yo suficiente y que nos pone en la cúspide de la inteligencia de este planeta, somos incapaces de pactar una cuestión básica: “Lo que no quieras para ti, no lo procures a nadie”.
Porque, me atrevo a aseverar de forma rotunda, queremos respirar: que se llenen los pulmones del aire que nos hace hermanos; vivir, y así evolucionar sobre las cenizas de tantos que no pudieron y que, con su desaparición, fertilizaron la tierra y el tiempo que vivimos: para bien o para mal, es una responsabilidad que contraemos por defecto al nacer.
Amar: que es lo que nos distingue de todos los seres de este planeta. Un verbo que va contra toda lógica y que, ilógicamente, buscamos desesperadamente. No se compra. No se vende. El verdadero, cambia nuestro corazón. El mismo que late en el pecho de 8.000 millones de personas.