Últimamente me encuentro con publicidad de productos que se preocupan mucho por mi salud. Con este peso más cercano al de las marsopas y con el ánimo de que no aumente mi tamaño hasta el de una república independiente, me ofrecen productos saciantes. Los productos saciantes son alimentos o suplementos (cápsulas, polvos, gominolas) diseñados para generar una sensación de plenitud estomacal, reduciendo el apetito y los antojos. Yo, agradecido, veo si tengo dinero para pagar tanto interés. La conclusión que saco es que son productos que no necesariamente han de alimentar ni ser naturales, condición indispensable en esta buenisma sociedad: sólo tienen que decirle a mi cuerpo que no coma, que ya está: que cierre el pico.

Si lo traslado a lo que suele ser una preocupación permanente en mi corazón, la publicidad, las noticias me hablan de una explosión en la sociedad: la gente vuelve a creer gracias a nuevos productos que traen a nuestra vieja iglesia nuevos aires, algo distinto.

Bueno. Distintos no son. No hay nada nuevo bajo el sol y, sobre todo, no se va a inventar a estas alturas la rueda. Y no soy escéptico. Sólo tengo memoria. Y no hace mucho que Cursillos de Cristiandad, ejemplo entre muchos, generaba la misma ilusión. Con un formato similar y apelando al plano sintiente, te hacían salir a la calle tras los encuentros con fervor y ardor evangélico como el caballo de Atila: Sus y a ellos. Los actuales movimientos, no los nombraré para no faltar a ninguno, son bisnietos de los cursillos. Y caen en el mismo error. Endogámicos y emocionales, enamoramientos fugaces que se ciñen a la forma y no al fondo…

Es mi particular visión de lo que ocurre. Y no es que sea malo. Lo malo es que, quien alienta a todos estos garitos, debería recordar a los usuarios que la fuente no son los movimientos: es el Evangelio en toda su potencia. Cualquier intento de apropiarse indebidamente utilizando nuevos términos, es faltar a la verdad.

Productos que quitan las ganas de comer, pero no el hambre. Puedo estar saciado y vivir mi existencia en famélico estado.